Nos marchamos a tierras lejanas, por los cinco contientes, para detenerse en una vocación de valientes, la vocación misionera.

Hoy hay algunos que pretendemos conformarnos con el sofá de casa. Se podría decir que estamos enamorados de las cuatro cosillas que nos entretienen. Los videojuegos, el móvil, y hasta dejar pasar el tiempo sin más… Sin embargo el mundo consigue colarse por cualquier rincón recordándonos que hay cosas por ahí fuera que son mucho más importantes.

Algunos consiguen ignorarlo, pero para nosotros se vuelve tan recurrente que empezamos a pensar que tenemos que dejar de mirarnos a nosotros mismos y colocar el mundo en el centro de nuestra atención. Pero para eso, hay que apartar el sillón y empezar a pensar de otra manera. Poner en el centro las necesidades de cualquier persona en cualquier rincón de la tierra. Esto supondrá tomar algunas decisiones difíciles. Dejando nuestra casa y a las personas a las que queremos, para poder así ser enviados por el mundo entero.

Serviremos a personas de todos los colores, por todos los medios, a cualquier hora… Donde hay una necesidad, allí está el misionero. Compartiendo la fe, llevando esperanza, construyendo con sus manos la caridad. Los enfermos, los tristes, los empobrecidos, los marginados… Todos son sus hijos. Y lo demuestran estando junto a ellos sea cual sea su situación. No importa lo lejos que haya que viajar para encontrarlos.

La misión que Jesús nos ofrece, ir a todos los pueblos a anunciar la buena noticia, es grande, pero con la ayuda de los misioneros llegamos a los lugares más insospechados.

Y así, son los sacerdotes, profesores, religiosos, médicos, familias…, todos misioneros, los que llegan más lejos que cualquier otra institución. Hay mucha gente a la que Jesús quiere llegar. Hay muchos que ya  están esperándole.

Desde la bella pero hambrienta África con su religiosidad natural… hasta la América de los contrastes, que con la piedad popular muestra su sed de Dios. Desde la Europa que no queremos que se olvide de Jesús… hasta la mezcla cultural que habita en Oceanía. Y también en Asia, donde Cristo es tan desconocido o a veces hasta perseguido.

La misión también puede esperarte a ti. Jesús te necesita misionero.

“Cuántos millones se harían cristianos si buscásemos solo los intereses de Jesucristo” San Francisco Javier

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